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dc.contributor.authorSandoval Mendoza, Gian Franco
dc.date.accessioned2016-03-03T17:10:24Z
dc.date.available2016-03-03T17:10:24Z
dc.date.issued2015
dc.identifier.urihttp://cybertesis.unmsm.edu.pe/handle/cybertesis/4574
dc.description.abstractLos maestros de la sospecha se habían encargado en los siglos XIX y XX de poner en tela de juicio el lugar privilegiado que la razón ocupaba dentro del pensamiento occidental. Los planteamientos de Nietzsche, Marx y Freud (antes, Feuerbach y Schopenhauer) significaron el descentramiento de las pretensiones de la modernidad occidental cifrada en sus intentos por fundamentar la moral, la política y lo social sobre las bases sólidas y últimas de la razón. La crítica de Marx al ideológico sistema de derecho racional de la burguesía o las limitaciones del paradigma de la conciencia que señaló Freud son denuncias contra lo que Nietzsche no pudo expresar mejor: la voluntad de poder de una de las tantas interpretaciones del mundo erigida como verdad. Al no haber hechos sino solo interpretaciones ninguna superior a las demás o al considerar al universo desconocido del inconsciente como abismalmente mayor al del consciente, la empresa del asentamiento de la vida teórica y práctica del hombre sobre la base única y universal de la razón quedó sin sustento. Pero tal crítica no sería más que la punta del iceberg del desencantamiento de la razón moderna: la vida social, política y cultural occidental, guiada siempre por los principios indubitables de la razón, generó y atravesó catástrofes de la magnitud de la primera y segunda guerras mundiales, el genocidio hitleriano y la crisis ecológica producto de la sobreestimación de la técnica y la sobreexplotación de la naturaleza, principalmente en los países llamados tercermundistas. ¿Cuál era entonces el distintivo de la razón? ¿Por qué pese a que occidente estuvo regido bajo el ideal de vida racional han tenido lugar tales consecuencias que llegaron al punto de poner en riesgo la existencia de la humanidad misma? Ya en los primeros años del siglo XX, Max Weber había señalado que con el desencantamiento del mundo del protestantismo calvinista que influyó en la mentalidad capitalista moderna hasta constituir su espíritu, las relaciones interpersonales se remitieron a funciones dentro del sistema acorde con una lógica de autoconservación del mismo. Sin dejar de advertir su carácter circunstancial en tanto que obedece a una situación histórica específica, Weber sugiere que el proceso de racionalización moderna significó la burocratización de la sociedad gobernada por leyes vaciadas de contenido moral (Weber 2012). Más adelante, Adorno y Horkheimer, con una mirada fatalista, consideraron este vaciamiento moral propicio para la totalización de la irracionalidad que se expresó en relaciones de dominación política, cultural, económica, por un lado, y de explotación descontrolada de la naturaleza, por el otro. Como respuesta a un escepticismo que sale a la luz cada vez que la razón entra en crisis, neokantianos como Karl Otto Apel o Jürgen Habermas, intentando evitar una propuesta metafísica, trataron de rescatar el carácter fundante de la razón. Desde una postura pragmático-trascendental, Apel veía necesaria la propuesta de una ética de responsabilidad universal para sumir las consecuencias del dominio de la razón moderna. En América latina, la situación tuvo un matiz diferente. Fuertemente influidos por la Ilustración francesa, las élites de los países latinoamericanos intentaron forjar repúblicas independientes bajo los ideales liberales. Un siglo y medio después, la situación de atraso, dependencia económica, pobreza, exclusión y explotación social como común denominador de los países latinoamericanos y la poca consolidación de sus democracias en el escenario político fueron condiciones propicias para cuestionarse por qué el proyecto histórico independentista de corte liberal fracasó. Bajo una concepción transformadora de las ideas, varios pensadores latinoamericanos creyeron que desde una historia de las ideas1se podía llevar a cabo la indagación de cómo fueron utilizados los ideales importados de Europa para encauzar la dinámica social en los países latinoamericanos. De esa manera, se tendría un panorama claro de qué es lo que sucedió en esa parte del globo. El diagnóstico fue que la dinámica histórica en América latina se desarrolló desde un aparato de dominación justificado mediante las ideas filosóficas. La independencia de los países latinoamericanos no fue más que el impulso de sus pequeñas élites para salvaguardar sus intereses frente a los europeos. Los criollos vieron en las repúblicas independientes una oportunidad para acceder a los altos cargos públicos hasta entonces reservados solo para los españoles o portugueses. Fue así como se dio el paso de la colonia a la república. Sin embargo, la necesidad de estar acorde con el proceso de industrialización y el problema que significaba esto, en tanto que se hacía necesario para ello de una democracia representativa que podía poner en peligro sus privilegios, los llevó a apostar por la defensa de la penetración del capital extranjero. (Miró Quesada, 2010a).es
dc.description.uriTesises
dc.language.isospaes
dc.publisherUniversidad Nacional Mayor de San Marcoses
dc.rightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses
dc.sourceRepositorio de Tesis - UNMSMes
dc.sourceRepositorio de Tesis - UNMSMes
dc.subjectEnrique Dusseles
dc.subjectÉticaes
dc.titleLa inclusión dialógica del otro: El reto de la ética de la liberación de Enrique Dusseles
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/bachelorThesises


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